Novedades OBITUARIO: SAMUEL FINKIELMAN (1932-2013) Estas líneas extraídas de la revista de MEDICINA (Buenos Aires) 2014; 74: 97-8, fue escrito por el Dr. Juan Antonio Barcat

Nació en Buenos Aires, de chico vivió y creció en Parque Chacabuco, en una familia judía polaca. Fue a la escuela pública del barrio, y al Colegio Nacional Juan Martín de Pueyrredón, fue socio de San Lorenzo de Almagro. Estudió y se recibió de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Desarrolló toda su carrera en el Instituto de Investigaciones Médicas, allí fue médico residente, becario primero, luego investigador del CONICET.


Solo se alejó del Instituto el año, 1966 y 1967, que estuvo en el Cardiovascular Research Institute, University of California School of Me-dicine, San Francisco, dirigido por Julius H. Comroe Jr. Allí trabajó, publicó un artículo con la Dra. Ellen Brown (J Physiol 1969; 204: 42P-43P), y concurrió puntualmente a las clases de historia de la medicina de Chauncey D. Leake. Desde el comienzo su especialidad fue la hipertensión arterial en todos sus aspectos, a la que añadía un especial interés por la historia de la medicina. Sus directores de becas al inicio de su carrera de investigador fueron Alfredo Lanari y Alberto Agrest. Publicó con Manuel Worcel un libro, Hipertensión arterial (Eudeba, 1967), y 116 artículos indizados en PubMed. Fue profesor emé¬rito de Medicina, director del Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari (UBA), presidente de la Sociedad Argentina de Investigación Clínica y de la Fundación Revista Medicina. Esta enumeración parcial de los hechos de su vida, sostenida por el Curriculum Vitae y PubMed, inevitable y convencional, clara muestra que indica cuánto y cómo contribuyó a la medicina y la investigación clínica, poco dice de la persona y su labor cotidiana.
Como investigador Finkielman siempre estaba disponible para sus colaboradores. Sabía escuchar, aportaba ideas y era crítico en las discusiones. Corregía, redactaba y escribía a mano, prolijamente, las versiones finales de los trabajos en inglés eficaz; dibujaba, preparaba esquemas y diapositivas y, cuando llegaban las observaciones de los árbitros, contestaba con mesura y diligencia. No cayó en ser “autor honorario”.
Finkielman era médico, atendía en el consultorio externo enfermos cuya queja primaria era la hiper¬tensión arterial, pero nadie tiene solo hipertensión arterial, tiene muchas cosas más y se las contaban todas. Los enfermos, más bien sus devotos, eran numerosos y de variada condición: amigos de la infancia, médicos, enfermeras, mucamas, profesores, ingenieros, verduleros, monjas, empleados municipales, rabinos, un bodeguero y algún obispo
Entró muy joven al Comité de Redacción de Medicina (Buenos Aires), corregía con cuidado y ge¬nerosidad cuanto trabajo arbitraba y, en una oportunidad, tal fue su aporte que los autores originales decidieron incluirlo entre ellos. Por muchos años redactó las versiones destinadas a la imprenta de los ateneos anátomo-clínicos.
El último año fue cruel con Finkielman, la enfermedad y sus complicaciones, una tras otra, lo destru¬yeron. Se fue del Instituto, como de costumbre, el 31 de diciembre, pero no volverá el primer día hábil de febrero del 2014. Vivirá, como todos nosotros, hasta que se apague la memoria del último que lo recuerde.


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